Bailando sobre la mesa

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Sale del vestidor. Alta, espigada, bien formada. Su vestido, minúsculo, deja ver la carne debajo de la falda que se mueve al andar.

Sube al escenario, se toma del tubo. La música empieza a sonar. Ella baila. Mueve todo el cuerpo, se contorsiona, sonríe al público espectador, formado por hombres, en la mayoría jóvenes, que se sientan en altos bancos, muy cerca del escenario, desde donde pueden ver, pero no alcanzan a tocar.

Estos hombres beben cerveza, tequila, ron o cualquiera de esas aguas espirituosas que ayudan a distorsionar la realidad. Gritan cosas a la mujer que baila. La miran como hipnotizados.

Ella se mueve cadenciosamente y empieza a quitarse la, de por si, minúscula ropa que porta, hasta quedarse, minutos después, sin ninguna prenda encima, con su mano en la parte baja de su vientre, como si quisiera poner una barrera a esas miradas que la traspasan. Al bajar, un hombre le da la mano y la escolta al vestidor. Después, de ese mismo lugar sale otra joven y se repite el ritual.

Dicen que eso es un trabajo bien remunerado. Ganan entre mil y mil quinientos pesos por día. Más, si alguien quiere un baile particular o quiere bailar con ella o tomarse una cerveza en su compañía. La cerveza que ella se toma, se paga cinco veces más cara.

Dicen que eso no se lo ganan en otro lado. Dicen que en un trabajo de lunes a viernes en horario de oficina, solo les pagan el salario mínimo. Dicen que eso no les ajusta para nada. Algunas estudian y por eso solo trabajan de fin de semana. De ahí sale para la inscripción, colegiaturas, libros y demás. Las becas, dicen, están escasas. Algunas tienen hijos. Este trabajo les sirve para pagar la renta, la escuela y la atención de la salud de sus hijos. Algunas de ellas tienen a sus hijos en los mejores colegios. Algunas pagan con este empleo universidades privadas para sus hijos. Sus perfiles coinciden con lo que menciona el Diagnóstico Nacional sobre la trata de personas en México1 (DNTPM).

Dicen que es un buen trabajo. Que no se acuestan con nadie si no quieren. Dicen que ellas eligen con quién tener sexo. Yo pienso que quién elige es el dinero. Solo se acuestan con quién puede pagar. El dinero es el que manda.

No hay cifras exactas en el país. Colima necesita un buen diagnóstico. El tema es oscuro, como las horas en las que estos establecimientos permanecen abiertos. En la ciudad de México, hay más de 250 mil mujeres que laboran en tables, bares, centros nocturnos. Muchas de ellas se dedican a bailar sobre la mesa. Algunas empezaron siendo niñas.

En Colima, hay en promedio 20 bares por cada 100 mil habitantes. En otros estados, es más alta esta cifra. Cada semana, se gastan en este país más de cinco mil millones de pesos en tables. Los clientes son, 99% hombres. La mayoría de los recursos, según el DNTPM, se va como pago a policías ministeriales para que no procedan las denuncias o para congelar una investigación.

Las mujeres que bailan sobre la mesa son solo la parte visible de este negocio. Son las criticadas y vilipendiadas por mostrar el cuerpo. En este país, la doble moral puebla los antros, hace gastar mucho dinero y mientras sea un negocio tan lucrativo, no habrá nada que impida desarrollarlo.

1Dirección Nacional sobre la Trata de Personas en México, 2014 (bit.ly/1TuwBYz)

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