La crónica de un vaticinio

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Bitácora reporteril

Conocí a Ricardo Anaya al término de una rueda de prensa de Gustavo Madero, en una de sus visitas a Colima en el hotel Wyndham Garden. El político queretano comía galletitas en la mesa de refrigerios. Me le acerqué y le dije que no veía, en otros partidos, a un político de 36 años con sus características.

Ponderé, principalmente, su soltura discursiva y su destreza argumentativa. También, le vaticiné, que él sería, dentro de un futuro cercano, candidato a presidente de la república de su partido. Una sonrisa sutil cristalizó en sus labios, me estrechó la mano y agradeció el comentario.

Y es que el crecimiento de Ricardo Anaya en los últimos tres años, en términos políticos y electorales, fue exponencial. Pasó de ser un inadvertido político queretano y funcionario de bajo perfil durante el gobierno de Calderón a presidente de la cámara de diputados en el congreso de la unión en el año 2012.

Ahora es virtual presidente nacional del PAN, al aventajar con el 81 por ciento de los votos la elección interna de este instituto político, lo que equivale a más de 170 mil sufragios, mientras que Javier Corral, el otro contendiente a la dirigencia nacional, sólo alcanzó 35 mil 94 votos. Arrasó, pues.

A dos años de ese encuentro con Ricardo Anaya, hoy refrendo el vaticinio.

Dos puntos:

Martha Sosa dirigirá a la bancada panista en la próxima legislatura, que por primera vez en la historia estará conformada mayoritariamente por diputados azules.

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