Un Presidente que no es mi Presidente

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Por: Christian Alejandro Ochoa Orozco, Licenciado en Administración Pública y Ciencia Política 

«…salí a festejar con mis amigos los uruguayos su alegría, “no volvió a ganar un partido, volvió a ganar la democracia, volvimos a ganar los uruguayos” escuché con fuerza de la boca de uno de mis allegados frenteamplistas de corazón…»

Montevideo, Uruguay a 01 de diciembre de 2014

A lo largo de mi vida he tratado de comprender lo que un político necesita para ser un líder, el ejercer el poder público no es una tarea fácil, las ideas políticas, la diversidad de opiniones, la presión de los medios y sobre todo de la población a la que se representa no podría ser el trabajo más sencillo; agotador, estresante, con largas jornadas sin parar y sacrificios de muchos aspectos podría ser lo que algunos de los servidores públicos dirían sobre su trabajo, o quizás gratificante y satisfactorio lo que te podrían decir otros, es por eso que es uno de los trabajos mejor remunerados, todos quisieran tener el salario de un diputado, de un gobernador y por qué no, de un presidente de la república.

Durante mi inserción dentro de la política juvenil en mi ciudad me di cuenta que todos aquellos aspectos que mencione anteriormente se viven constantemente, representar a un grupo, sector o conglomerado me dejó grandes aprendizajes pero también muchas consecuencias y desilusiones; fui jefe de grupo, vicepresidente de mi secundaria, presidente de la facultad de ciencias políticas y sociales de mi máxima casa de estudios, miembro del consejo universitario, secretario de asuntos estudiantiles y acción política de la federación de estudiantes de mi Estado y posiblemente en ninguna de ellas pude ejemplificar mi pregunta, ¿Qué necesita un político para ser un líder?, escuché a cada paso la palabra “Líder”, como decir comida en un supermercado, como hablar del agua en un paseo por el mar, como si la utilización de ese adjetivo se podría aplicar a cada personaje que representara ya de alguna forma a una, dos, veinte, cientos o miles de personas, sin tomar en cuenta que la representación no necesariamente ejemplifica la imagen de una persona con liderazgo; me saturé por todos lados de aquella palabra injustificada para llamar a alguien, y es ahí que entendí su utilización como parte de hacer política, de llenar y de satisfacer esa necesidad de creer tener una característica que los podría llevar lejos, de hacerlos crecer dentro de un grupo cerrado de participación en círculos políticos o de partidos ya propiamente reconocidos.

A mis 25 años mi participación política de algún tipo ha quedado nula, si bien me he mantenido al margen de cualquier ejercicio mi interés nunca ha cambiado; es así que escribo ésta artículo, no desde mi Estado Colima, un pequeño territorio dentro de México, un lugar increíble, con paisajes inolvidables, con un clima inigualable y atracciones de todo tipo, la nostalgia de no vivir ahí se llenado cada día más, si no desde Montevideo, la capital de un generoso país, Uruguay, que como a mí ha acogido a muchos extranjeros en la lucha de un mejor y nuevo inicio; venezolanos, argentinos, dominicanos, brasileños y muchas otras nacionalidades se pueden ver a todas horas rondando la ciudad montevideana cada vez más cosmopolita, con gente tomando mate en parques, plazas y  calles, un lugar que no es mi país pero que ha logrado ser mi hacer mi hogar desde hace algunos años atrás.

¿Cómo es posible que un país tan pequeño pueda atraer a tantos extranjeros para radicarse en él?, el país ha crecido esencialmente en sus políticas sociales y se ha inmerso en los oídos del mundo gracias a sus últimos representantes, ahí pude entender la respuesta a mi pregunta, un político y un líder ejemplificados en una misma persona; no dudo que muchas personas podrían tener una discrepancia a mi conclusión, ya sea por diferencia política o de opiniones, de lo que no podrán negar es de que efectivamente existe, es palpable y se efectúa la unión de un adjetivo a un cargo, un presidente como lo es José Mujica o su antecesor y de nuevo sucesor Tabaré Vázquez,  que han llegado a ser un punto de cambio para la sociedad uruguaya, un nuevo comienzo y una visión diferente para la población.

Me animé a escribir estas palabras hoy primero de diciembre del 2014, debido a que ayer se realizó la segunda vuelta para las elecciones presidenciales en Uruguay, en donde a los resultados se le concedió el triunfo por tercera vez al partido del Frente Amplio, un partido de izquierda que ha cambiado el trayecto de la política uruguaya, que actualmente ha sido un foco de atención al mundo y que se ha postulado como un ejemplo en Latinoamérica sobre un cambio, sea de bien o mal para muchos un punto de atención para la hora de hacer política.

A miles de kilómetros de mí se encuentra mi país, un lugar decenas de veces más grande que Uruguay, con algunos millones de personas más y con un sistema político y ejercicio de una política distinta; de semanas atrás a lo largo del mundo se han escuchado temas como los estudiantes desaparecidos, la violencia en el que se vive a diario y que se ve envuelta la población, el narcotráfico que ha manchado todo nuestro territorio y que ha llenado de terror y miedo a la sociedad, marchas y protestas en las calles, un país que se ha envuelto de luto social, de represión y de falta de representación a la falta de un liderazgo puro que pueda satisfacer no a toda, si no a la mayoría de la población mexicana.

Yo entendí cuando era estudiante que la juventud es la potencia de un cambio, que los escalones de asenso para un mejor país está en una población participativa, con ideas e interés por un cambio, que no sólo piensa en esperar que los otros actúen, si no que desde adentro de su ser tiene esas ganas de formar parte de una trascendencia para generar nuevos comienzos, de exigir y hacer cumplir las necesidades de la sociedad, noté que los grupos políticos en mi ciudad se interesaban y se interesan de alguna forma en los jóvenes, los involucran día a día en un ambiente de intervención política a base de un ofrecimiento, un trueque de “tú me apoyas y yo te ofrezco”, una forma de participación que no lograba a más de “una torta y un refresco” para los jóvenes en los mítines políticos en donde no conocían ni el nombre del candidato, que no sabían cargo, función, ni mucho menos los ideales pretenciosos encubiertos de estrategias partidarias en beneficio a algunos sectores de la sociedad, es así como viví gran parte de mi participación política juvenil, a base de movimientos poco estructurados, con “lideres” poco representativos, con pinchazos en las costillas al no alinearte a las ideas de sus mayorías, represión por debajo del agua y a puertas cerradas en las paredes que se forjaron para incentivar y no reprimir esa participación juvenil y estudiantil que en otros lugares del mundo de respetan y se lucha por incrementarla; ahí me di a la tarea de comparar las distintas cateréticas del estudiantado y la participación del mismo en un país distinto al realizar un semestre de intercambio académico en Uruguay, la apertura y esa iniciativa que existía no era la misma que yo vivía en mi país, si se reprimía a uno, todos unidos se enfrentaban al represor, era una fuerza, los jóvenes como participantes políticos por el sólo hecho de ser jóvenes, no borreguitos de nadie, ni una torta ni un refresco, eran las ganas de hacer un cambio.

Actualmente en México las protestas en contra del gobierno federal, explícitamente en contra del Presidente de México Enrique Peña Nieto se han incrementado, los jóvenes poco a poco se han estado uniendo, organizando, buscando estrategias, algunas poco convencionales, pero quizás desesperadas, para lograr cambios, se ha despertado lo que no pudieron hacer nuestros “lideres” falsos, buscando iniciar un nuevo comienzo y generar mejores resultados para la sociedad, como lo podría ser el vivir y caminar por las calles de mi ciudad sin miedo ni temor.

Para mí el líder político puede llegar a hacer de las necesidades de la población su prioridad ante su interés personal, y también que un líder es alguien que no necesariamente tiene que ser un político, sino que es aquel sujeto que busca más allá de todo incentivar que aquellos de su alrededor crezcan, que se desarrollen e incrementen ese círculo de colaboración y apoyo mutuo, que no ambicione representar a nadie sino que aquellos que lo rodean sean quienes busquen que los represente.

Ayer yo también salí a festejar, ganó el Frente Amplio, actualmente no tengo la posibilidad de votar en Uruguay, pero salí con la misma felicidad que pudo haber salido mi vecino son su bandera tricolor a las calles de Montevideo, salí a festejar con mis amigos los uruguayos su alegría, “no volvió a ganar un partido, volvió a ganar la democracia, volvimos a ganar los uruguayos” escuché con fuerza de la boca de uno de mis allegados frenteamplistas de corazón al ver los resultados ya predecibles en cadena nacional, es así que su entusiasmo me llegó a los huesos, me sentí con felicidad y sentimiento encontrado, yo no había salido a festejar el triunfo del presidente de la república en México, ni de haber escuchado a un amigo salir con banderas con el escudo de su partido a las calles de Colima, yo no había sentido esas emociones hasta el día de ayer, sentí que había encontrado ejemplificar al líder, un personaje político que llenaba mis expectativas, como lo había hecho ya “El pepe” en el mundo, el cual hace tiempo sentí que podría a llegar a ser mi líder político si hubiera nacido uruguayo, si hubiera tenido la oportunidad de votarlo, entonces comprendí que ya sin pensarlo lo había logrado, ya había llegado a ser parte de mí, un ideal político que buscaba, un líder y un jefe de Estado juntos; no podría decir más que siento en éste momento un vacío enorme, esa sensación extenuante de que en México y en Uruguay tengo un presidente que no es mi presidente.

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