¿Autonomía o Absolutismo?

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Parece que ni las autoridades universitarias, ni el “Honorable Concejo Universitario”, ni los universitarios mismos, ni el gobernador, ni los diputados locales, cuantimás los ciudadanos de a pie entienden lo que significa “autonomía universitaria”. La repentina reunión del Concejo Universitario el viernes pasado, en el que (haciendo a un lado las graves violaciones al protocolo, como la falta de discusión o derecho a intervenir por parte de los concejales, la ausencia de la prensa), entre otras cosas[1] se “ratifica la facultad José Eduardo Hernández Nava, para preservar la autonomía universitaria” Hay varias preguntas que me saltan ante esta enigmática frase.

  1. ¿Está en peligro la autonomía universitaria?
  2. ¿Desde cuándo está ésta en peligro?
  3. ¿Quién se atreve a ponerla en peligro?

Digo que la frase es enigmática, por varias razones. A) He notado que la función de “preservar la autonomía universitaria” que corresponde a quien ostente el título de rector está ya estipulado por el artículo 28, fracción III de la ley orgánica, que además agrega “respetándola y haciéndola respetar con todos los recursos morales, históricos y legales que estén a su alcance”. Si esto es así, ¿Qué necesidad hay de ratificarla?

Antes de ir más adelante, es importante que entendamos claramente qué significa eso que el rector tan celosamente se le ratifica que tiene facultades de defender. Me referiré a la ley orgánica publicada el 22 de noviembre de 1980 en “El Estado de Colima” en su primera página (fragmentos, las palabras en negritas son mi contribución):

“La Universidad en su autonomía es y será la mejor expresión de lo que hace posible la convivencia social. No la autonomía de poder dentro de otro poder, sino como expresión de la LIBERTAD DE CONCIENCIAde que deben de gozar los miembros de todas las Universidades y poder ampliar o limitar sus posibilidades de desarrollo… Se garantiza la LIBERTAD DE CÁTEDRA E INVESTIGACIÓN, sin la cual no es posible la acción crítica responsable; se fundamenta LA AUTONOMÍA ACADÉMICA y se otorga la capacidad para organizarse como lo estime mejor para alcanzar sus metas… El Decreto respectivo faculta a las Universidades para SELECCIONAR MEDIANTE PROCEDIMIENTOS IDÓNEOS, A SU PERSONAL ACADÉMICO Y TÉCNICO, ADMINISTRATIVO Y DE INTENDENCIA, y por supuesto, a los estudiantes que aspiran a ingresar a sus cursos… la Universidad de Colima es una Institución ORIENTADA A LA SISTEMATIZACIÓN DEL SABER para asegurar el más eficiente aprendizaje y su más útil APLICACIÓN al propósito de ENRIQUECERLO y de usarlo; que es fundamental dotarla de lo necesario para que cumpla su función, en una forma proporcionada a las necesidades sociales, al desarrollo económico y político del país y al progreso de la educación, la ciencia y la cultura… Queda garantizada por tanto, como una vida sana para la institución orientada a la fiel observancia de los principios DE LIBERTAD Y AUTONOMÍA. Lo anterior presupone por otra parte, la oportunidad que tienen los miembros de esa Casa de Estudios para desarrollar el modelo académico que aspiran: Convertirse en un gran centro de investigación y RESPIRAR UNA ATMÓSFERA QUE FAVOREZCA EL EJERCICIO DOCENTE MORAL Y MATERIALMENTE SALUDABLE y compendiar los mecanismos que garanticen la difusión sistemática y eficaz de la cultura.

Leyendo el decreto, y releyéndolo, no encuentro por dónde empezar. Como el comunicado de “Meganoticias” no lo especifica, y la reunión del Concejo se realizó en medio de un despliegue de seguridad sin precedentes en el Estado de Colima, a puerta cerrada, y con fuerzas de la Policía Civil (y aquí ya no entiendo nada acerca de la supuesta autonomía que pretenden defender) al servicio de la seguridad del rector y de su líder sindical, me voy a permitir intentar adivinar primero lo más difícil ¿a qué se refiere el Concejo, o más bien dicho Eduardo Hernández Nava (ya que el Concejo sólo escucha y levanta la mano cuando se le ordena) cuando nos quiere hacer creer que la autonomía está en peligro? Entre más leo el decreto, más me convenzo que el rector tiene TODA LA RAZÓN en darse cuenta, y le ruego, como universitario, que intervenga lo más pronto posible contra esos malhechores que minan nuestra autonomía universitaria.

  1. Vaya con todo contra quienes minan nuestra LIBERTAD DE CONCIENCIA, a tal grado que ya no se tienen seguros ni a los compadres, he escuchado que muchos universitarios inteligentes temen hablar, no sea que su opinión incomode a quienes están en el poder. Castigue a los directores de facultades, delegados y demás funcionarios que se pasean por las aulas y por los centros de trabajo haciendo labor intimidatoria o disuasiva.
  2. Probablemente ya se enteró que hay directores, coordinadores, tutores y hasta asesores pedagógicos que se sienten con derecho de dictarnos a los profesores no sólo los contenidos, sino hasta las metodologías de evaluación y a veces hasta el grado de cuestionar nuestras notas, o incluso cambiarlas arbitrariamente, socavando nuestra LIBERTAD DE CATEDRA. Duro contra ellos. O quizás sería mejor ir contra las autoridades de la Subsecretaría de Educación Pública, que al equiparar la universidad con una maquiladora y exigir “eficiencia” terminal, reducen a la administración de la universidad a un mayorazgo, en el que los maestros somos obreros y los directivos son capataces. Contra esas políticas que minan nuestra autonomía, tiene todo mi apoyo Eduardo Hernández Nava o cualquier otro que le suceda.
  3. O quizás el asunto es contra el Programa del Mejoramiento del Profesorado, que con sus estrictos criterios de formación de Cuerpos Académicos, atenta contra nuestra AUTONOMIA ACADEMICA, y contra nuestra LIBERTAD DE INVESTIGACION, imponiendo camisas de fuerza que por un lado, dan valor a prácticas de simulación y por otro, invalidan el trabajo de verdaderos investigadores sólo porque no “colaboró” con otros miembros de su CA. La UNAM nunca permitió la intromisión del PROMEP, y tuvieron éxito. De nueva cuenta, le reitero mi apoyo en su función de defender nuestra autonomía ante PROMEP.
  4. En cuanto a la selección de personal, no he sabido de ningún embate contra la “idoneidad” de este. Al contrario. Sin embargo, no deja de ser una intromisión del CONACYT, y de la Subsecretaría de Educación Pública, que mina nuestra autonomía esa pretensión que tienen de “reconocer” a nuestros profesores de tiempo completo. Quedamos muy mal como universidad cada que se contrata a un nuevo profesor que no cuenta con el perfil académico mínimo o deseable, sin que medie concurso de oposición, etc. Pero es una intromisión, violatoria a nuestra autonomía, que el SNI decida no incluirlos en su padrón. En este punto no sé si valga la pena defender la autonomía, porque significa sacrificar unos muy buenos centavos. Entonces mejor no nos metamos ahí.
  5. Lo primero es lo primero. La función primera en el estatuto que crea la universidad parece ser la generación del conocimiento, expresado como “SISTEMATIZAR EL SABER”… “APLICARLO” y “ENRIQUECERLO”. Atentar contra esos nobles fines es vil. Por ejemplo, detener los fondos destinados a la investigación durante un año completo atenta contra esa autonomía de los investigadores. A esos administradores que entorpecen la función primordial de la universidad, ¡llámelos a cuentas, señor rector!
  6. La autonomía depende también, según el estatuto de una “atmósfera que favorezca el ejercicio docente MORAL Y SALUDABLE”. A quienes pervierten esa atmósfera indispensable para la plena autonomía, también persígalos, señor rector. A la FEC, que cancela clases cuando se le antoja, que hace proselitismo político, que ejerce presión para que justifiquemos faltas, o incluso para que otorguemos calificaciones no merecidas…

Pretendo ser cándido, pero no lo soy. Sé que este acto tiene al menos tres aristas. Por un lado, es un mensaje claro para todos los universitarios que ya se dieron cuenta de que el rector cumple una función encargada por sus superiores, la de encubrir a toda costa el cochinero financiero del FOSAP. Sin embargo, les dice este mensaje que se anden con cuidado porque el rector va a tomar “todas las medidas necesarias” para “defender la autonomía”.  Por otro lado, explota una vena hasta ahora poco usada, por ridícula (Según algún poeta chayotero, los huelguistas éramos manipulados por Morena).[2] Y es que ahora están más nerviosos ante la visita de grandes figuras del sindicalismo mexicano mañana mismo. La tercera arista ya ni vale la pena mencionarla, y es la pretensión de que la autonomía universitaria conlleva la exención de parte de sus autoridades de RENDIR CUENTAS.

Ya fuera del marco legal, permítame el lector ponerle tres ejemplos: Un microempresario, una ONG, un gobierno estatal.

  • Tanto el microempresario como la ONG son entidades autónomas. Nadie le puede dictar al empresario qué dirección tomar con respecto a su empresa. Tampoco se le puede obligar a contratar a un empleado, o a invertir o no invertir, etc. Es por demás decir que el empresario está haciendo uso de SU DINERO.
  • De la misma manera, la ONG maneja su propio patrimonio, recibe donativos, tiene su cuerpo de directivos, etc al margen del gobierno y al igual que el empresario, es autónomo, aunque no paga impuestos.
  • El gobierno estatal es más que autónomo, es soberano. Es decir, tiene un nivel de independencia con respecto al gobierno federal que es más complejo que la autonomía.

Sin embargo, recordemos que ni el empresario ni la ONG están exentas de ser auditadas por la Secretaría de Hacienda, y el Gobierno del Estado, con todo y su soberanía está sujeto a la Contraloría Fiscal de la Federación, que de hecho, me acabo de enterar, ya empezó a destapar cloacas en Colima…

Ya para concluir, ojalá nuestras autoridades verdaderamente defendieran nuestra autonomía universitaria, aunque yo tengo todas las razones para creer que en lugar de defenderla se han dedicado a minarla y a colaborar con quienes la minan. Lo que quieren ahora es defender su auto asignado “derecho” a hacer lo que les venga en gana al estilo Louis XIV. A eso, señores, no se le llama “autonomía”, sino “absolutismo”, y dicho sea de paso, dejó de estar à la mode hace 225 años, junto con la cabeza del citado rey. Mientras tanto, dirán lo que dirán acerca de los huelguistas y sus malévolos planes de desestabilizar la universidad de Colima. Pero mientras no le rindan cuentas claras a los universitarios, tendrán que seguir escondiéndose de los universitarios mismos… y muy pronto del peso de la ley.

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[1]Son tantas las cosas que comentar acerca de la ignominiosa sesión que me tomaría mucho más que una nota de dos páginas, y lo voy a hacer, para quien lo quiera leer en mi siguiente texto.

[2]Para quienes no saben, Vladimir es un muchacho delgadito de unos 20 años, estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas. En su momento, lo “felicité” por su gran poder, en tono jocoso. Su apoyo al movimiento no lo negamos, y hasta se lo agradecemos, porque ante la advertencia farisea del PRI de “no politizar” el movimiento, sólo les puedo contestar. Todo lo que hagan ustedes, ya está politizado de origen, porque tienen todo el poder en el estado de Colima.

 

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